martes, 12 de mayo de 2026

EL SANTO ATRAVESADO: ENTRE LA HISTORIA OFICIAL Y LAS LEYENDAS

El cielo se teñía de arrebol mientras miradas inquietas rozaban la piel con ternura. Las aves, absortas, parecían suspender su vuelo, convocadas por las notas vibrantes que inundaban la campiña.

Al atardecer del sábado 22 de junio de 2024, la marcha del Orgullo LGBTIQ+ en Loja avanzaba hacia la Plaza de San Sebastián, entre música, comparsas, banderas, regocijo y expresiones culturales que celebraban la diversidad. El colectivo caminaba con la intención de capturar simbólicamente la plaza y proclamar su orgullo colectivo: dignidad, inclusión, equidad, empatía, resiliencia, solidaridad, autoafirmación y victoria. Desde el público que observaba la inusual manifestación surgió una pregunta inevitable: ¿qué significado tenía tomarse la Plaza de San Sebastián? Las respuestas provocaron exclamaciones de asombro. Para muchos integrantes católicos del colectivo LGBTIQ+, San Sebastián era considerado el “santo patrono no oficial de su comunidad”. Mientras la Plaza de San Sebastián se vuelve un podio, en donde son ovacionados los campeones de la resiliencia, seguiremos las huellas históricas de San Sebastián para contrastarlas con las tradiciones orales que habitan en el interior de los grupos LGBTIQ+, donde la memoria aún respira y resiste. 

San Sebastián nació en Milán alrededor del año 256. Recibió formación militar y llegó a integrar la guardia imperial romana. Según el escritor medieval Jacobo de la Vorágine, los emperadores Diocleciano y Maximiano le tenían muchísimo aprecio. De acuerdo con la tradición cristiana,
San Sebastián fue condenado por profesar su fe. Atado a un poste, sobrevivió a un ataque de flechas que atravesaron su cuerpo. Más tarde, el 20 de enero del año 287, fue asesinado a golpes en Roma por orden del emperador Diocleciano. Su culto como santo de la cristiandad se inició a partir del siglo IV.
Siglos más tarde, en el periodo del Renacimiento, Michelangelo Buonarroti afirmaba que el ser humano desnudo representaba la perfección de la obra de Dios. En este escenario, los artistas renacentistas se sintieron atraídos por la figura de San Sebastián, a quien representaban como un joven andrógino y bello, semidesnudo, con una expresión de éxtasis, atado y resignado a ser atravesado por flechas. A finales del siglo XIX, en los círculos de disidencia sexual, las representaciones de San Sebastián comenzaron a ser interpretadas como la expresión simbólica de un deseo homosexual latente, así como la tragedia del hombre secuestrado por su propia sexualidad. El psicoanalista Sigmund Freud analizó la iconografía de San Sebastián en la pintura renacentista y propuso que la actitud receptiva, e incluso de aparente goce, con la que el santo recibe las flechas podría vincularse con la fantasía de penetración.

En la actualidad, los colectivos LGBTIQ+ agrupan a las personas con orientaciones sexuales e identidades de género no heteronormativas, impulsan reformas legales y constitucionales, y ofrecen apoyo, información confiable y espacios seguros para compartir experiencias personales, así como para preservar y difundir historias y tradiciones cuya datación aún no ha sido determinada. Una leyenda sostiene que el emperador Maximiano habría sentido atracción sexual obsesiva por San Sebastián,
quien lo rechazó. Enfurecido, se habría aliado con Galerio, un funcionario cercano a Diocleciano,
para que se decrete su asesinato. Otra leyenda más irreverente, asegura que San Sebastián habría sido amante del emperador Maximiano; sin embargo, por razones religiosas, habría rechazado la continuidad de esta relación. Esta negativa sería la causa de su posterior asesinato. 

También han circulado leyendas sobre los modelos que utilizaron los artistas renacentistas para representar la figura de San Sebastián. Según estos relatos, algunos pintores y escultores recurrieron a homosexuales de rol pasivo para crear la imagen del santo mártir. Las leyendas se transmiten de forma oral y cada generación o comunidad pueden modificar la historia o adaptarla a sus propios deseos.

Seguidamente, analizaremos las obras de Lactancio, maestro y apologista cristiano contemporáneo de San Sebastián, con el fin de identificar los sucesos que habrían dado origen a las dos primeras leyendas. La diarquía entre Diocleciano y Maximiano comenzó el año 286. En aquella época ejercía como obispo de Roma el papa Cayo, sobrino de Diocleciano. Gracias a este parentesco, las relaciones entre Diocleciano y los cristianos se caracterizaron por una relativa paz y tolerancia. Durante este pontificado, ningún cristiano del Imperio romano fue perseguido por sus creencias. La fe de San Sebastián no representaba una amenaza para la seguridad de las autoridades, por lo tanto no existieron motivos religiosos para que ordenen su ejecución. Lactancio describió a Diocleciano como “un gobernante de carácter temeroso y pusilánime”; a Galerio lo calificó como “instigador de la crueldad”; y de Maximiano, más conocido como Maximiano Hercúleo, afirmó: “La lujuria pestífera de este hombre no solo lo impulsaba a corromper a los jóvenes, hecho repugnante y detestable, sino que llegaba incluso a violar a las hijas de las familias principales”. Maximiano por su fortaleza y prestigio militar, fue comparado con el dios mitológico Hércules. Sin embargo, algunas fuentes le atribuyen abusos de poder y conductas sexuales depredadoras hacia hombres y mujeres. La leyenda que identifica a San Sebastián como una de sus víctimas gana credibilidad. 

La “Gran Persecución” del Imperio romano contra los cristianos comenzó en el año 303, quince años después de la ejecución de San Sebastián. Para entonces, el papa Cayo ya había fallecido. Los edictos de persecución promulgados por Diocleciano evidencian que las represalias no respondieron solo a motivos religiosos, sino también económicos, pues se confiscaron bienes y recursos de las comunidades cristianas. Estas medidas contribuyeron a engrosar las arcas imperiales en un contexto de dificultades para pagar a los soldados y sostener la burocracia del Imperio. 

Para rastrear el origen de la leyenda sobre los jóvenes que los artistas del Renacimiento emplearon en la iconografía de San Sebastián, es necesario recurrir a las obras de los historiadores Giorgio Vasari y Carlo Cesare Malvasia, quienes vivieron durante el esplendor de esa época. La figura de San Sebastián fue representada por diversos artistas; se examinará la biografía de tres de ellos: Sandro Botticelli, Guido Reni y Giovanni Antonio Bazzi. 

El 16 de noviembre de 1502, Sandro Botticelli fue acusado de manera anónima ante un tribunal florentino por presunta pederastia con algunos de sus ayudantes y discípulos. La denuncia señalaba que el pintor “mantenía a muchachos…”. El biógrafo Carlo Cesare Malvasia aseveró que Guido Reni manifestaba abiertamente su aversión hacia las mujeres y recurría a modelos naturales para crear su “divinidad humanizada”, dada la abundancia de jóvenes y alumnos que siempre lo rodeaban. 

A Giovanni Antonio Bazzi, el historiador Vasari lo presenta como una persona de vida excéntrica y desordenada, describiéndolo como libertino, de escasa castidad y rodeado constantemente de jóvenes imberbes a quienes mostraba un afecto desmedido. Lo llamaban burlonamente “el Sodoma”, mientras que los monjes de una congregación benedictina lo llamaban “el loco” por haber introducido prostitutas en un convento de clausura para pintar una danza de mujeres desnudas, considerada por ellos una escena obscena, grosera y vergonzosa.

Los artistas renacentistas fueron aceptados incondicionalmente porque retrataban a miembros de la élite florentina y a figuras vinculadas a la familia Medici; por ello no fueron perseguidos por la Iglesia católica ni por las autoridades civiles, que consideraban los actos homosexuales un pecado grave o un delito. En la elección de jóvenes o adolescentes para sus obras, estos artistas no tuvieron restricciones.

Desde finales del siglo XIX e inicios del XX, se reinterpretan las imágenes renacentistas de
San Sebastián, junto con la consolidación del término homoerotismo, utilizado en el ámbito académico para describir la atracción afectiva, estética o sexual entre personas del mismo sexo, que se inscribe en obras artísticas, literarias o culturales. En esta reconsideración histórica, estas obras del Renacimiento son consideradas expresiones de carácter homoerótico. Desde este nuevo enfoque, se fortalece la imagen de San Sebastián como ícono gay. La historia de San Sebastián se presenta como una obra surrealista compuesta por relatos extraordinarios, en los cuales cada persona puede insertar sus afectos, deseos, desilusiones, esperanzas, aspiraciones y fantasías, configurando así una lectura simbólica y abierta de su figura. 

Exultantes tras este recorrido por la historia, regresamos a la ciudad de Loja, donde otro grupo de integrantes del colectivo LGBTIQ+, guiados por una ética laica, colocó banderas de la comunidad en los balcones de la Alcaldía de Loja, afirmando así su pertenencia a la ciudad y a su memoria.


 

Autor: MBA. Eduardo Ramón López
Loja, Ecuador.


Investigación realizada en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

BIBLIOGRAFÍA
Lucio Cecilio Firmiano Lactancio (Año 240-320):
Sobre la muerte de los perseguidores Eusebio de Cesárea (Año 260-339):
Historia eclesiástica Jacobo de la Vorágine (Año 1230-1298):
Leyenda Dorada Giorgio Vasari (Año 1511-1574):
Vida de los más eminentes pintores, escultores y arquitectos Carlo Cesare Malvasia (Año1616-1693): Boloña pintora: vida de los pintores boloñeses Louis Marie Olivier Duchesne (Año 1843-1922):
Libro de los Papas Sándor Ferenczi (Año 1873 – 1933):
El homoerotismo: Nostalgia de la homosexualidad masculina

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