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sábado, 6 de abril de 2024

LA IGLESIA EN LA COLONIA - INTOLERANCIA Y FUNDAMENTALISMO

                                         


La Iglesia que llegó a América trajo, pues una posición fundamentalista, que consistía en la convicción de que la doctrina católica debía ser impuesta aunque fuese a sangre y fuego. Pero, además de ese “espíritu de cruzada” imbuido por la Contrarreforma, los conquistadores y sacerdotes trajeron al nuevo continente la intolerancia étnico – religiosa heredada de la “Guerra de Reconquista” española contra los moros, concluida apenas tres décadas antes del descubrimiento de América.

Con esa convicción, frailes y clérigos de varias órdenes religiosas llegaron junto con los soldados de la conquista y contribuyeron con su prédica  y asesoría espiritual a justificar todos los excesos de la dominación colonial, con muy pocas y honrosas excepciones, como las de fray Bartolomé de Las Casas y San Pedro Claver, que abogaron por el respeto a los indios y a los negros, respectivamente.

Al llegar los europeos al nuevo continente se encontraron con una cultura indígena altamente desarrollada, que tenía como parte de sus concepciones naturalistas un profundo respeto a la feminidad, en tanto que ella representaba la fertilidad de la madre naturaleza y la reproducción de todos los seres. A diferencia de la cultura judeo – cristiana, que veía a la sexualidad como una muestra reiterada y culposa del “pecado original”, los indios de América actuaban frente a ella con una absoluta naturalidad y por el contrario, exaltaban la fecundidad y la procreación como un don divino.

Donde este culto a la fertilidad alcanzó sus mayores expresiones fue en las culturas agrarias de la costa ecuatoriana, en las cuales la imagen femenina, representada en  Multiples maneras,  constituía el centro simbólico de un elaborado culto a la fertilidad. Las maravillosas figurinas de cerámica que hoy conocemos como las “Venus de Valdivia”, abundantemente difundidas por toda el área cultural valdiviana, nos revelan toda la riqueza y magia de aquel culto; son imágenes de mujeres embarazadas, o de mujeres que cruzan los brazos bajo los senos desnudos, en una suerte de ofrenda de vida, y siempre muestran una feminidad espléndida, adornada de infinidad de peinados y gozosa de la vida. Similar sentido vital tenía, en la cultura Milagro – Quevedo,  el uso ritual de “falos sembradores”, voluminosas piezas huecas de cerámica y con agujeros en la punta, que servían para asperjar las semillas en la tierra.

En el imperio Inca también hubo un culto a la fertilidad, manifestado en la presencia de grandes diosas femeninas, tales como la “Pacha Mama” (la tierra), la “Mama Killa”
(la luna) y la “Mama Cucha” ( el mar), y de diosas menores como “Mama Sara” ( el maíz), “Kollka” y Machacway” (las estrellas), “Mama Coca” (la coca), “Mama Uchu” (el ají o chile), y “Mama Aswa ( la chicha ). Una estatuilla, “Wagalmojón”, representada por una mujer con los genitales descubiertos, era adorada en todas las casas para proteger el embarazo y la fertilidad. Reinando sobre todas ellas estaba un gran dios masculino, el sol.

Hubo una doble moral en los religiosos de  casi todas las comunidades eclesiásticas, puesto que mientras predicaban a la sagrada labor de redimir las almas de los “salvajes”, se aprovechaban de su trabajo, de sus tierras y de sus mujeres e hijas, prometiéndoles el premio de un paraíso nebuloso a cambio de sus sufrimientos en la tierra. Sin embargo, según algunos historiadores, de estos desórdenes “de la carne” se salvaban los jesuitas, quienes estaban demasiado ocupados en aumentar las riquezas y bienes terrenales de su comunidad.



El cronista indígena, Felipe Guamán Poma de Ayala, en 1615 rescribió un desgarrador testimonio de la conducta inmoral de los funcionarios y sacerdotes españoles: “Las dichas justicias y corregidores y padres de las doctrinas y tenientes de las ciudades y villas y provincias de este Reyno, con poco temor de Dios y de la Justicia, andan rondando y mirando la vergüenza de las mujeres casadas y doncellas y hombres principales. Y andan robando sus haciendas y fornican a las casadas y a las doncellas las desvirgan. Y así andan perdidas y se hacen putas y paren muchos mesticillos y no multiplica los indios. ( Nueva Crónica y Buen  Gobierno” – Poma de Ayala. )

En otra parte agregó Poma: “Los dichos padres de las doctrinas tienen unas Indias en las cocinas o fuera de ella que le sirve como su mujer casada y otras por mancebas en ellas tiene veinte hijos, público y notorio. Y a estos hijos mestizos les llama sobrinos y dicen que son hijos de sus  hermanos y parientes”. Finalmente, incluyó entre sus testimonios el sermón de uno de aquellos clérigos, que usaba el púlpito para preparar anímicamente a las víctimas de su lujuria: “Si un mulato te forzara, darías a luz un indio mitayo. Pero si un español te fueza, das a luz a un niño muy bonito ( Poma de Ayala, Tomo II, p.538)

La conducta de los religiosos y dichas prédicas influyeron posteriormente en las indias, quienes empezaron a aceptar y aún a buscar relaciones con españoles, con la esperanza de que sus hijos mestizos no tuviesen que tributar al monarca y pudiesen tener acceso a una vida mejor.

Jenny Londoño López.
Historiadora Ecuatoriana.

Tomado de ¿Angeles o demonios? Las mujeres y La Iglesia en la Audiencia de Quito.

martes, 2 de abril de 2024

JUANA DE ARCO - CONDENADA POR HOMOSEXUALIDAD Y TRAVESTISMO

                                             



VOCES FATALES 
 EL PROCESO DE JUANA DE ARCO

Juana de Arco nació en Donremy, Francia el 6 de enero de 1412 fue hija de Jaime de Arco un campesino pobre y sin ninguna instrucción. Su niñez fue apacible y feliz en compañía de su familia y numerosas amigas, con quienes jugaba alegremente en la campiña francesa, a pesar del peligro que se cernía sobre ellas, por la presencia en suelo patrio de las intrusas tropas inglesas.

Una vez iniciada su adolescencia Juana experimentó una serie de fenómenos mentales que la condujeron inconscientemente por la ruta del patriotismo hasta la muerte en la hoguera, todo empieza cuando la joven de 13 años confiesa escuchar "voces divinas” provenientes de seres celestiales.

Con estos relatos impactantes, esta campesina consigue que su majestad Carlos VII la nombre comandante de las tropas francesas, las mismas que luego de sangrientas batallas pudieron expulsar de suelo francés a los indeseables huéspedes ingleses.

Con la venia real y contando con 17 años de edad, Juana de Arco es jefe de guerra, adopta vestimenta masculina, bandera propia y se coloca al frente de un batallón de 10.000 soldados.   Ella participó con éxitos rotundos en las batallas de Orleáns y Patay entre otras, estos triunfos militares del ejército francés posteriormente permitieron la coronación de Carlos VII como rey de Francia.

En este período de su vida, la líder del ejército francés   mostraba una conducta   distinta a la de las demás mujeres, este comportamiento atípico se evidenció con mayor claridad durante la coronación del rey, sucedió que, durante la ceremonia de investidura real, Juana huyó de la muchedumbre aristocrática y buscó refugio en una apartada covacha, con su mente atiborrada de angustia y crisis existencial.  A esta joven la cercanía de las mujeres la ponía nerviosa y la volvía irritable.

Para esta militar los afectos femeninos eran un objetivo inalcanzable, por este motivo se sentía condenada a renunciar al cariño de las mujeres, a los cuales no se atrevía a mirar ni de reojo, al referirse a las esplendidas bellezas femeninas que formaban la corte, Juana con palabras entrecortadas por los sollozos que salían de lo más profundo de su inconsciente decía: “las damas de la corte me odian en el fondo de su alma”. Agobiada por actos fallidos e inhibiciones, esta jefa de ejércitos   buscaba tranquilidad entre sus tropas, en medio de las cuales se sentía a salvo. Con este deplorable estado de salud mental, para Juana de Arco el asunto de la guerra se convirtió en una obsesión que copó toda la razón de su vida.

Entre cantos de júbilo por las proezas de Juana de Arco su fama crecía por toda Francia, mientras esto sucedía en las calles, en el palacio real se empezaba a sospechar que detrás de la figura de Juana de Arco se encontraba un equipo integrado por nobles, gremios e iglesia, quienes a través de este personaje buscaban formar un ejército propio, cuya misión sería obligar a Carlos VII a firmar una carta de gobierno, para romper con el absolutismo de la corona. En estos tiempos se comentaba que Juana de Arco no era ni campesina ni improvisada sino la hija de Isabel de Baviera.

Ante tal amenaza Carlos VII que no estaba dispuesto a aceptar un cogobierno puso a mover sus asesores, estos empezaron a idear un plan para deshacerse de la joven. Una vez expulsados lo ingleses de territorio francés, los borgoñeses capturaron a Juana y la vendieron a los ingleses al precio de 10.000 francos de oro. Los ingleses al encontrar “sospechosa” la conducta sexual de Juana consideraron que la institución adecuada para su juzgamiento era el Tribunal de la Santa Inquisición.

En este tribunal no se encontró ninguna novedad en las prácticas sexuales de Juana, puesto que la prisionera había hecho un voto de virginidad perpetua, que la mantenía al margen que cualquier actividad sexual. A pesar de ello fue acusada de crimen nefando o contra natura, ya que, según el criterio del tribunal inquisitorial, Juana se había arrogado un género que no correspondía a su “condición biológica”.

Durante el proceso la Inquisición consideró a Juana de Arco como merecedora de la abominación de Dios por llevar “indumentaria masculina a la cual no tenía derecho”.

Para la cultura de aquella época, a Juana únicamente le podía corresponder la obediencia y el sometimiento sexual al varón, cualquier otra expresión sexual de esta mujer era sencillamente inadmisible.

 A través de los siglos, a la sociedad le ha costado aceptar que las mujeres se pudieran sentir atraídas por otras mujeres, el común de la gente participaba de una concepción falo céntrica de la sexualidad, las mujeres podían sentirse atraídas exclusivamente por los hombres, en cambio, aunque proscrito y si se aceptaba que los hombres pudieran sentirse atraídos por otros hombres, pero jamás en una mujer podían despertarse deseos sexuales y afectivos hacia otras mujeres. Las relaciones lésbicas fueron banalizadas y consideradas sencillamente imposibles de suceder. Ser mujer equivalía a ser femenina por lo tanto no masculina. Toda mujer que osaba desarrollar actitudes atribuidas al varón era calificada como bruja o desequilibrada mental, por esta situación Juana fue también acusada por el Santo Oficio como “invocadora de demonios”.

El lunes 28 de mayo de 1431 en las celdas inquisitoriales, Juana de Arco era víctima de los miembros del Santo Tribunal quienes le aplicaban torturas físicas que la hacían desplomarse y perder el conocimiento entre convulsiones y gemidos estremecedores. 

Ante estas mazmorras infernales llegó el obispo de Beauvais, Pedro de Cauchon presidente del tribunal que juzgaba a Juana de Arco. Al verificar que la prisionera no renunciaba a vestirse de hombre, le preguntó por qué lo hacía, ella con firmeza le contestó: “Lo hice por mi voluntad sin que nadie me obligué. Me gusta más vestirme de hombre que de mujer. Además, jamás hice juramente de no volverlo hacer”.

El historiador cubano Felipe de J Pérez Cruz considera que la acusación de homosexualidad fue utilizada en Europa en muchas ocasiones para proteger intereses económicos y destruir enemigos políticos, por esta razón el tribunal que procesó a Juana de Arco dio tanta importancia al “travestismo de la valiente mujer”.

En la Edad Media,  época de mayor represión para    la  sexualidad de los seres humanos,  era considerado como homosexual todo varón afeminado o mujer masculinizada, sin embargo las investigaciones  presentadas por especialistas en el tema como el sexólogo y humanista Siegfried Schnabl  dan a conocer  que solo un 10 o 15 % de la población homosexual presenta signos externos que los hace visibles, por otra desde el ámbito de la endocrinología se afirma   que homosexuales y heterosexuales cromosomáticamente son indistinguibles y su única diferencia está en como expresan su sexualidad.

En la época de   juzgamiento a Juana de Arco se pensaba que cuando el rol de género no era congruente con el sexo biológico, se tenía a una persona con evidencia de desequilibrio psicológico e inversión sexual. Actualmente enel campo médico se considera que el género, el sexo y la orientación sexual son independientes el uno del otro.

La tortura para Juana de Arco terminó el 30 de mayo de 1431, cuando la inquisición la quemó viva luego de 1 año de cárcel, suplicios y humillaciones.  Los asesinos de esta heroína francesa, consideraron a la masculinidad de su víctima como una expresión de homosexualidad latente, a pesar de que no existieron pruebas concluyentes que indique que Juana de Arco era homosexual.

Los estudios de género realizados por la doctora en psicología Ana Gracia - Mina señalan que en ningún momento un varón afeminado o una mujer masculinizada, son señales de problemas psicológicos y biológicos o de lesbianismo u homosexualidad. Pues hoy en día, la congruencia entre varón y género masculino y mujer y género femenino, han sido sustituidos en el campo científico por el criterio de que la andrógina psicológica en los seres humanos es el prototipo de salud mental. Los trabajos de estas profesionales indican que el modelo de masculinidad y feminidad que la sociedad obliga de manera radical a llevar a varones y mujeres es el camino que los conduce a adquirir enfermedades psicológicas como: el alcoholismo, drogadicción, fobias, histerias o depresión.

Mentes brillantes a lo largo de la historia han repudiado el imperdonable acto cometido en contra de Juana de Arco, quien debió haber tenido, todo el derecho para empoderarse de su sexualidad sin intromisión de nadie, pues variables como el género o la orientación sexual son para cada ser humano tan legítimas y profundas como los latidos del corazón.

El proceso inquisitorial presentado, es un compendio de todas las aberraciones científicas que dominaban el medioevo y que fueron el principal obstáculo para el desarrollo material, moral y cultural de la humanidad. 

Eduardo Ramón L.©

Fuentes:
Primarias:
Proceso a Juana de Arco en J.J. Brousson
Extracto de las declaraciones de los comparecientes ante el Tribunal de Poitiers. (Francia)

Secundarias:
Ana García- Mina: Desarrollo del género en la feminidad y la masculinidad
Eribon, Didier: Reflexiones sobre la cuestión gay
Pérez Cruz, Felipe de J.: Homosexualidad, homosexualismo y hética humanista
Llamas, Ricardo: Teoría Torcida
Morillo Vivanco, Rosa: Mujeres Estelares 

Bibliotecas Consultadas:
Pontificia Universidad Católica del Ecuador  - Quito
Universidad Andina Simón Bolívar – Quito
Universidad Técnica Particular de Loja – Loja

Representación fotográfica realizada por Lorena Cordero  

martes, 7 de agosto de 2018

BRUTAL DISCRIMINACIÓN EN LA BIBLIA EN CONTRA DE LAS MUJERES.




Los dirigentes cristianos proclaman que la Biblia es la "palabra de Dios", de manera que esta "palabra" es la que debe ser-virles de guía a la hora de establecer sus valores morales y reli-giosos, y los que de algún modo se relacionen con éstos.

En este sentido, por ejemplo, cuando se está hablando de lo denigrante que es para la mujer el uso del "burka", que oculta por completo su cuerpo y su rostro, lo cual es un modo simbólico de expresar la anulación de su personalidad, procuran silenciar que algo parecido a esto es lo que predicaba Pablo de Tarso en sus epístolas, incluidas en la Biblia, y debiendo, por ello, ser aceptadas como inspiradas por el "Espíritu Santo" al igual que los demás contenidos afirman-do que la mujer debía llevar sobre su cabeza una señal de sumi-sión al varón.

La visión denigrante de la mujer en  la Biblia tiene las siguientes características:
1) En primer lugar, uno de los prejuicios míticos que más negativamente parecen haber influido en el tradicional menos-precio bíblico hacia la mujer es el que aparece en Génesis y en otros pasajes dispersos de la Biblia, según el cual

"Por la mujer comenzó el pecado, por culpa de ella morimos todos"[1].

Si acaso, la humanidad podría haber heredado las consecuencias de la culpa de Eva, a pesar de que en teoría, el poder de Yahvé habría podido evitar esa herencia, pues nadie tiene por qué cargar con el castigo ni con las consecuencias negativas de las acciones que otro haya realizado.

Así que, para bien o para mal, el ser humano sería un juguete en manos de ese dios, único responsable de todo, y nadie más sería responsable de nada, ni el hombre ni la mujer, ni la serpiente.
Pero evidentemente quien escribió el Génesis vivía inmerso en una cultura machista –como casi todas- y, por eso, a fin de explicar los numerosos males que rodeaban la vida humana, se inventó el mito del "pecado original", considerando a Eva como la culpable de todos los males.

2) En segundo lugar, hay que hacer referencia al protagonismo casi absoluto que se concede el varón frente a la mujer. Este protagonismo se muestra cuando al hablar de Dios se dice que es "Padre" y no "Madre", "Hijo" y no "Hija", y "Espíritu Santo", teórico padre de Jesús y, por lo tanto, varón y no mujer. Dios creó a Adán como rey de la creación, y a Eva, formada a partir de una costilla de Adán, para que Adán tuviera una ayuda[2]La mujer fue quien introdujo el pecado en el mundo y, por ello, entre otros castigos, Dios la condenó a ser dominada por el varón[3]lo cual es una forma "religiosa" de justificar las diversas formas del machismo judeo-cristiano previamente existentes; los hijos de Adán y Eva, cuyos nombres se mencionan en la Biblia sólo son los de Caín, Abel y Seth, de manera que no se menciona para nada los de las hijas a las que debieron de unirse Caín y Seth para tener descendencia.

Los personajes femeninos de la Biblia casi siempre tienen un papel secundario, a pesar de la excepción de María, la madre de Jesús, a la cual ni siquiera en los evangelios se le dio ninguna relevancia sino todo lo contrario, hasta el punto de que en determinado momento en que María y sus otros hijos habían ido a esperar a Jesús y sus discí-pulos le pasaron el aviso, éste contestó simplemente que su madre y sus hermanos eran quienes cumplían la palabra de Dios. Por su parte, Pablo de Tarso, auténtico fundador del cristianismo, no menciona a María ni una sola vez. Fue más adelante cuando los dirigentes de la Iglesia Católica descubrieron que la exaltación de María como madre de Dios podía ser muy rentable para su nego-cio, como de hecho lo ha sido.

3) De acuerdo con aquella primera valoración negativa de la mujer tal como aparece en el Génesis, pero de manera incompa-rablemente más acentuada en Eclesiastés, ¡palabra de Dios!, se dice:
-"He hallado que la mujer es más amarga que la muerte, porque ella es como una red, su corazón como un lazo y sus brazos como cadenas. El que agrada a Dios se libra de ella, más el pecador cae en su trampa"[4];

-"Por más que busqué no encontré; entre mil se puede encontrar un hombre cabal, pero mujer cabal, ni una entre todas"[5].

Un planteamiento similar aparece en Eclesiástico, otro libro de la Biblia en el que se ponen en paralelo la mujer y el pecado:

-"Toda maldad es poca junto a la de la mujer; ¡caiga sobre ella la suerte del pecador!"[6].
-"Por la mujer comenzó el pecado, por culpa de ella morimos todos"[7]
-"Vale más maldad de hombre que bondad de mujer"[8].

Y en Zacarías la mujer es presentada como la maldad personifi-cada:
"El hombre que hablaba conmigo se adelantó y me dijo:
-Levanta tu vista y mira lo que aparece ahora.
Pregunté:
-¿Qué es?
Me respondió:
-Una cuba, y representa la maldad de toda esta tierra.
Entonces se levantó la tapa redonda de plomo y vi una mujer sentada dentro de la cuba. El ángel me dijo:
-Es la maldad"[9].

Este punto de vista, compartido por estos tres libros de la Biblia, se encuentra en la misma línea que el del Génesis, donde, como se ha indicado en otro momento, Eva, como representante de la mujer, es castigada por Dios a quedar sometida al varón por haber sido la responsable principal de la desobediencia a Dios. Sin embargo, en estos últimos libros, ¡inspirados por el "Espíritu San-to"!, es donde la mujer es tratada de la forma más denigrante ima-ginable, pues llegar a decir que "la mujer es más amarga que la muerte" o que "vale más maldad de hombre que bondad de mujer" o, en definitiva, que "la mujer […] es la maldad", y defender de manera implícita pero inequívoca que estas doctrinas forman parte de "la palabra de Dios".

En resumidas cuentas, quien defienda que la Biblia es la palabra de Dios deberá defender igualmente que la mujer es la maldad, mientras que quien niegue que la mujer sea la maldad estará negando al mismo tiempo que la Biblia sea la palabra de Dios.

4) Por otra parte, el machismo bíblico se muestra igualmente en el hecho de que todos los nombres de ángeles que aparecen en ella son nombres de varón: Miguel, Rafael, Gabriel; el propio "Príncipe de las Tinieblas" se muestra como varón: "Satanás", y también el de algún otro demonio, como "Asmodeo". Casi todos los nombres relevantes de la Biblia son de varón, como Adán, Caín, Abel, Seth, Noé, Sem, Cam, Jafet, Abraham, Isaac, Esaú, Jacob, los hijos de Jacob: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín (y sólo al final una hija llamada Dina, a la que se menciona en muy pocas ocasiones); Moisés, Aarón, Josué, Gedeón, Sansón, Elí, Samuel, Saúl, David, Salomón, Roboam Isaías, Jeremías, Ezequiel, Tobías, Daniel, Job, Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Tomás, Bartolomé, Felipe, Judas, Mateo, Matías, Marcos, Lucas, Pablo…, y apenas alguno de mujer, que casi siempre juega un papel secundario o relevante por sus dotes de seducción o de traición, como Judith respecto a Holofer-nes[10]Dalila respecto a Sansón[11]o María Magdalena, poseída por siete demonios.

Con ocasión del mítico "diluvio universal", ni siquiera se menciona el nombre de la mujer ni el de las nueras de Noé, que fueron quienes se habrían salvado, junto con el propio Noé y sus hijos Sem, Cam y Jafet, para que la humanidad volviese a multiplicarse, lo cual demuestra evidentemente la escasísima importancia que se concede a la mujer, a pesar de que sin ella la continuidad de la especie humana habría sido un milagro especialmente digno de reseñar.

Resulta igualmente curioso y significativo –aunque más anecdótico- que en el Antiguo Testamento la mujer quede ninguneada hasta el punto de que, cuando se enumera la lista de los hijos de cualquier personaje, casi todos los nombres sean de varón y apenas alguno de mujer, como si éstas no hubieran nacido o como muestra de una consideración tan anecdótica de su existencia que fuera irrelevante incluso mencionarla. Esto sucede por lo que se refiere a la práctica totalidad de las largas líneas genealógicas que aparecen en la Biblia, donde o bien no se nombra la existencia de las hijas de estos personajes o bien sólo se dice que "también tuvieron hijas", pero sin nombrarlas o incluso hablando de un número de hijas muy sospechosamente inferior respecto al de hijos.

5) La actitud degradante respecto a la mujer se muestra igualmente de un modo a la vez machista y humillante para la mujer cuando en Génesis se habla de los varones como "hijos de Dios" y de las mujeres como "hijas de los hombres", lo cual, por cierto, no es ni mucho menos una simple e inocente cuestión de nombres. Se dice en efecto en Génesis:

"Cuando los hombres empezaron a multiplicarse en la tierra y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas y tomaron para sí como mujeres las que más les gustaron"[12].

A la vez, se deja claro que la mujer tiene el valor de una simple cosa, en cuanto se "toma" o se "compra" por parte del varón, de manera que ésta no es libre para decidir sobre su propia vida. Y así, cuando se dice en Génesis con la mayor naturalidad del mundo que los hombres "tomaron para sí" las mujeres que más les gustaron, se está afirmando que las raptaron o cogieron como si fueran simples objetos, sin tener para nada en cuenta su opinión o su voluntad.

6) En esta misma línea de degradación de la mujer hay que señalar el hecho de que la poligamia y la posesión de concubinas y de esclavas aparece de un modo absolutamente natural en la sociedad israelita, según se presenta en la Biblia, donde la mayoría de sus personajes relevantes tuvieron varias esposas, concubinas y esclavas[13]  De hecho en Deuteronomio no se maldice ni critica a quien es polígamo sino a aquel hijo que se acueste con alguna de las mujeres de su padre, lo cual representa una manera bien clara y explícita de afirmar los derechos del padre sobre sus mujeres:
-"Nadie se acostará con una de las mujeres de su padre"[14].

-"¡Maldito quien se acueste con una de las mujeres de su padre, porque viola los derechos de su padre!"[15].

De nuevo nos encontramos aquí, por cierto, con una contra-dicción bíblica, pues, si en aquellos tiempos la poligamia era una institución familiar aceptada por el dios judeo-cristiano, en cuanto así lo comunicó a quien reveló su palabra [?], es una contradicción respecto a dicha inspiración divina que en la actualidad el catolicismo  rechace la poligamia, mientras que, si se acepta la relación monogámica como forma exclusiva de unión entre varón y mujer, en tal caso se estará censurando al propio dios de Israel cuando consideró que la poligamia era una relación perfectamente válida.
Son muchos los personajes relevantes mencionados en la Biblia que tuvieron varias mujeres. Así, acerca de Roboam, hijo de Salomón, dice la Biblia:

"Sus mujeres fueron dieciocho y sesenta las concubinas"[16].
Acerca de Gedeón se dice igualmente:
"tuvo setenta hijos, porque fueron muchas sus mujeres. También su concubina, que vivía en Siquem, le dio un hijo al que llamó Abimélec"[17].
Pero de todos ellos quien destacó de manera extraordinaria sobre los demás fue el rey Salomón, de quien se dice en la Biblia que tuvo ¡setecientas esposas y trescientas concubinas!:
"El rey Salomón se enamoró de muchas mujeres extranjeras, además de la hija de faraón; mujeres moabitas, amonitas, adomitas, sidonias, e hititas, respecto a las cuales el Señor había ordenado a los israelitas: "No os unáis con ellas en matrimonio, porque inclinarán vuestro corazón hacia sus dioses". Sin embargo, Salomón se enamoró locamente de ellas, y tuvo setecientas esposas con rango real, y trescientas concubinas. Ellas lo pervirtieron y cuando se hizo viejo desviaron hacia otros dioses su corazón, que ya no perteneció al Señor, como el de su padre David. Dio culto a Astarté, diosa de los sidonios, y a Moloc, el ídolo de los amonitas […] Otro tanto hizo para los dioses de todas sus mujeres extranjeras, que quemaban en ellos [= en los altares] perfumes y ofrecían sacrificios a sus dioses"[18].

El autor del libro 1 Reyes no critica en ningún caso que Salomón tuviera tantas mujeres y tantas concubinas. Lo que critica es que, como sus mujeres eran extrajeras, es decir, no israelitas, podían ejercer sobre él una influencia negativa que le alejase de su dios y le llevase a adorar a los dioses de sus mujeres, que es lo que sucedió especialmente en los últimos años de su vida, y, por eso, se dice que Salomón "no fue tan fiel [a Dios] como su padre David"[19], pues, "cuando se hizo viejo [estas esposas y concubinas] desviaron hacia otros dioses su corazón, que ya no perteneció al Señor"[20].
Lo que es evidente es que este alejamiento respecto a Yahvé para adorar a otros dioses le habría costado la vida en el caso de que no hubiera sido rey sino sólo un hombre cualquiera, pues la adoración a otros dioses era un delito que se pagaba con la vida, tal como consta en diversos pasajes bíblicos, como en Deuteronomio, donde se dice:

"Si oyes decir que en alguna de las ciudades que el Señor tu Dios te da para que habites en ellas surgen hombres perversos, que intentan seducir a sus conciudadanos para que den culto a otros dioses desconocidos para vosotros, examinarás el caso, preguntarás y te informarás bien. Si se confirma el rumor y se prueba que tal abominación se ha cometido en medio de ti, pasarás a espada a los habitantes de toda aquella ciudad, y la consagrarás al exterminio con todo lo que haya en ella, incluido su ganado, que también pasarás a espada"[21].

Parece claro que el autor de 1 Reyes, de manera hipócrita o por puro interés, no quiso o, mejor, no se atrevió a criticar duramente al rey Salomón y se conformó con decir que "no fue tan fiel a Dios como su padre David", a pesar de que, de acuerdo con la norma de Deuteronomio, los sacerdotes debían haberlo denunciado y haber exigido su condena a muerte aplicando la supuesta ley de Yahvé. Pero, como en aquellos momentos Salomón era quien detentaba el poder, los sacerdotes, con la astucia que les ha caracterizado en todo momento, no atreviéndose a enfrentarse con él quitaron importancia al hecho de que hubiese adorado, poco más o menos, a setecientos dioses, mereciendo por ello las mismas penas de muerte, de acuerdo con la ley correspondiente.

Por su parte, Abías "tuvo catorce mujeres, veintidós hijos y dieciséis hijas"[22]. ¡Y fue el mismo sacerdote Yoyadá quien proporcionó dos esposas a Joás igual que si le hubiera regalado dos borregos!:

"Joás agradó con su conducta al Señor mientras vivió el sacerdote Yoyadá, quien le proporcionó dos esposas de las que Joás tuvo hijos e hijas"[23].

Esta última referencia tiene el interés de poner nuevamente de manifiesto que la poligamia no fue vista de manera negativa por sí misma, ya que en este caso fue un sacerdote quien proporcionó dos esposas a Joás y, al parecer, lo hizo para premiarle por su conducta hacia Yahvé.

El inconveniente surge, como ya se ha dicho, cuando esas mujeres son extranjeras, como en el caso de las mujeres de Salomón, porque pueden introducir sus dioses y pervertir al israelita alejándolo de su dios, lo cual equivale a decir que a los sacerdotes lo que les preocupa especialmente es la competencia que las otras religiones y los otros dioses pueden suponer para su propio negocio.

En definitiva, a lo largo de sus diversos libros lo que predomina en la Biblia de forma clara y constante es esta valoración de la mujer como un simple objeto para comprar, vender, usar y tirar.
7) La mujer y el noveno y último mandamiento.- De hecho y en relación con lo anterior tiene especial interés aclarar que, a pesar de que el clero católico siga hablando del "decálogo" o de los diez mandamientos de Moisés, cualquiera que sepa leer puede comprobar que en la Biblia sólo aparecen ¡nueve mandamientos!, siendo el noveno y último:

"No codiciarás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su buey, ni su asno, ni nada de lo que le pertenezca"[24],

De manera que el mandamiento que actualmente se enumera como el noveno y penúltimo, "no desearás la mujer de tu prójimo", en la Biblia aparece sólo como una parte del noveno y último, que los dirigentes cristianos dividieron en dos a fin de enmascarar el hecho evidente de que a la mujer se la trata en la Biblia y en ese mismo pasaje relacionado con las tablas de Moisés, como una pertenencia o cosa o como un animal –un buey, un asno-. Y precisamente por este mismo motivo el noveno y último mandamiento no hace referencia a la mujer en exclusiva sino refiriéndose a ella como un objeto más del prójimo –igual que su casa o su buey-, que ha sido comprada a su padre, sin contar para nada con su consentimiento, y que podría ser codiciada por otro hombre. Y, por el contrario, no se habla en ningún caso del hombre como de un objeto que pueda ser codiciado ni comprado por la mujer, pues el varón no es un objeto que pueda ser codiciado ni la mujer podría tener ningún derecho a servirse de un varón.

Recordemos a este respecto que mientras los varones son hijos de Dios, las mujeres son hijas de los hombres y, al parecer, tal estatus confiere a los varones el derecho de poder ser dueños de mujeres, mientras que las mujeres deben someterse a los varones como esposas, como concubinas o como esclavas, al igual que pueden ser repudiadas por sus maridos por la simple razón de que hayan dejado de gustarles.

8) De acuerdo con esta cosificación de la mujer, ésta no es dueña de su propia vida sino que es objeto de compra y de venta:
Jacob compró a Raquel a su tío Labán a cambio de trabajar siete años para él[25]aunque éste le engañó y "por la noche […] tomó a su hija Lía y se la trajo a Jacob, y Jacob se unió a ella"[26].
Pero, como a Jacob le gustaba Raquel, se la volvió a pedir a su tío y éste le dijo:
"-…Termina la semana de bodas con ésta, y te daré también a la otra a cambio de otros siete años de servicio.

Así lo hizo Jacob; terminó la semana con la primera, y después Labán le dio por mujer también a su hija Raquel […] Jacob se unió también a Raquel y la amó más que a Lía; y estuvo al servicio de su tío otros siete años"[27].

Tiene interés observar cómo en este pasaje se muestra:
a) la propia cosificación de la mujer, cuya voluntad no cuenta en absoluto a la hora de que su padre tome la decisión de venderla a Jacob al margen de cuáles sean los sentimientos de ella;
b) la  ausencia de contrato matrimonial, pues, como la mujer es una simple posesión de su padre, el contrato no se hace con ella sino entre su padre y su futuro propietario, que es quien la compra a cambio de dinero o de otro bien, como, en este caso, el tiempo de trabajo –siete años- que Jacob acuerda con su tío.

9) Un complemento de esta infravaloración de la mujer fue el de la ley sobre el repudio o "divorcio" por el que el marido podía rechazar a su mujer siempre que encontrase un defecto en ella o que simplemente dejase de agradarle, mientras que la mujer en ningún caso podía repudiar al marido. Se dice en este sentido en Deuteronomio:
"Si un hombre se casa con una mujer, pero luego encuentra en ella algo indecente y deja de agradarle, le entregará por escrito un acta de divorcio y la echará de casa. Si después de salir de su casa ella se casa con otro, y también el segundo marido deja de amarla, le entrega por escrito el acta de divorcio y la echa de casa…"[28].

10) La mujer puede ser tomada o raptada con absoluta normalidad sin que su voluntad cuente para nada.

En efecto, como ya se ha dicho, en muchas ocasiones ni siquiera hay contrato matrimonial entre varón y mujer, sino sólo un contrato de compra, o un simple rapto, como sucede cuando los ancianos de la comunidad proponen que los benjaminitas rapten mujeres, pues no tenían y la tribu de Benjamín estaba a punto de desaparecer: En un primer momento la comunidad israelita envía tropas contra Yabés Galaad, cuyos habitantes también eran judíos, pero no habían subido a la asamblea del Señor. Y, como los israelitas habían "jurado solemnemente que quien no subiese a Mispá ante el Señor sería castigado con la muerte"[29], pasaron a cuchillo a todos sus habitantes menos a las muchachas vírgenes y se las dieron a los Benjaminitas[30]. A continuación los mismos Benjaminitas, aconsejados por el resto de Israel, raptaron más mujeres en Silón para quienes no tenían todavía:
"Entonces la asamblea [de Israel] envió doce mil hombres de los más valientes, con esta orden:
-Id y pasad a cuchillo a todos los habitantes de Yabés Galaad, incluidas mujeres y niños. Consagraréis al exterminio a todos los varones y a todas las mujeres casadas, pero dejaréis con vida a las vírgenes.
Así lo hicieron. Entre los habitantes de Galaad encontraron cuatrocientas vírgenes que no habían tenido relaciones con ningún hombre y las trajeron al campamento de Siló, en la tierra de Canaán. Luego, la asamblea envió mensajeros a los Benjaminitas […] para ofrecerles la paz. Los benjaminitas volvieron, y ellos les dieron las mujeres supervivientes de Yabés Galaad, pero no había bastantes para todos.

[…] Los ancianos de la comunidad se preguntaban:
-Las mujeres de la tribu de Benjamín han sido exterminadas. ¿Qué haremos para procurar mujeres a los que aún no las tienen? […]
Entonces decidieron esto:
-Está cerca la fiesta del Señor que se celebra todos los años en Siló […].
Y dieron este recado a los de Benjamín:
-Id y escondeos entre las viñas. Os quedáis observando, y cuando veáis que las jóvenes de Siló salen a bailar, salís de las viñas, os lleváis cada uno una muchacha de Siló y os volvéis a vuestra tierra […].
Los de Benjamín lo hicieron así y tomaron de entre las que bailaban aquellas que necesitaban; después volvieron cada uno a su heredad, reconstruyeron las ciudades y se establecieron en ellas"[31].

11) Es preferible la violación de las propias hijas antes que la ofensa a un invitado:
Otro ejemplo más de este desprecio tan absoluto a la mujer en la Biblia es el hecho de que, ante la opción de consentir o no la ofensa a un invitado, se opte por ofrecer a las propias hijas para ser violadas. Así sucede en Génesis, 19:6-8, donde Lot, para proteger a unos extranjeros que tenía alojados en su casa, dice a quienes querían violarlos:

"-Hermanos míos, os suplico que no cometáis tal maldad. Tengo dos hijas que no se han acostado con ningún hombre; os las voy a sacar fuera y haced con ellas lo que queráis, pero no hagáis nada a estos hombres que se han cobijado bajo mi techo"[32].

Algo muy similar se narra en Jueces, donde, al igual que en el caso anterior, la violación de mujeres no tiene la menor importancia en relación con la ofensa a un invitado. En este sentido se dice en defensa de un invitado:

"-No, hermanos míos, no hagáis, semejante crimen, por favor. Es mi huésped y os pido que no hagáis tal infamia. Aquí está mi hija, que es virgen; os la sacaré para que abuséis de ella y hagáis con ella lo que os plazca; pero no cometáis con este hombre semejante infamia"[33].

12) En las referencias genealógicas sólo cuenta la línea paterna y para nada la materna, hasta el punto de que, como ya se ha dicho en otro momento, para demostrar la filiación divina de Jesús el evangelio atribuido a Lucas se remonta por la línea genealógica de José hasta llegar a Adán, incurriendo en la contradicción de afirmar la paternidad de José respecto a Jesús cuando le interesa demostrar que Jesús era Hijo de Dios, pero negando tal paternidad cuando le interesa afirmar que María era "virgen" y que concibió por obra del "Espíritu Santo" y no por sus relaciones sexuales con José. Tal contradicción bíblica hubiera podido ser evitada si los evangelistas correspondientes hubiesen dicho que María quedó embarazada por obra del Espíritu Santo y porque, además, María era hija de Dios, tomando como base para este último argumento la línea genealógica materna de Jesús, que se habría remontado hasta Adán igual que la de José, pero con la ventaja de que, si José era un padre dudoso para quienes escribieron estos pasajes, María sí era madre indudable de Jesús.

Esta baja consideración de la mujer, referida a María en este caso, se muestra además en cuanto se considera a Jesús como "hombre" por ser hijo de María y sólo como "Hijo de Dios", según el evangelio atribuido a Lucas, que afirma tal doctrina, a partir de la enumeración de la genealogía paterna de Jesús, por ser hijo de José, cuya ascendencia se remontaría hasta Adán, el cual es considerado "hijo de Dios" por haber sido creado por él[34]-a pesar de haber escrito antes que el auténtico padre de Jesús no fue José sino el "Espíritu Santo"[35].

13) El papel secundario de la mujer en el Antiguo Testamento se muestra igualmente desde la perspectiva de su tasación económica, tal como aparece en Levítico, donde en relación con los sacrificios religiosos se valora al hombre –entre veinte y sesenta años- en quinientos gramos de plata, mientras que a la mujer se la valora en trescientos:
"El Señor dijo a Moisés:
-Di a los israelitas: Cuando alguien haga al Señor una promesa ofreciendo una persona, la estimación de su valor será la siguiente: el hombre entre veinte y sesenta años, quinientos gramos de plata […]; la mujer, trescientos; el joven entre cinco y veinte años, si es muchacho, doscientos gramos, y si es muchacha, cien; entre un mes y cinco años, si es niño, cincuenta gramos, y treinta gramos de plata si es niña; de sesenta años para arriba, el hombre, ciento cincuenta gramos y la mujer cincuenta"[36].
O sea, que eso de que ante el dios judeo-cristiano todos seamos iguales evidentemente sería una apreciación incorrecta, por lo menos por lo que se refiere a este dios, para quien, tratándose de hombre y mujer de edades similares, la mujer siempre vale menos que el varón, según estos escritos, supuestamente inspirados por el "Espíritu Santo", al margen de lo denigrante que resulta una tasación económica de seres humanos.

14) La continuación de este punto de vista tan degradante respecto a la mujer aparece nuevamente y de manera muy acusada en Pablo de Tarso, al afirmar:

"la cabeza de la mujer es el varón"[37], lo cual implica evidentemente la doctrina de que, en sí misma considerada, la mujer es un cuerpo sin cabeza. Y, justificando el uso del velo que oculta la cabeza de la mujer, afirma igualmente: "toda mujer que ora o habla en nombre de Dios con la cabeza descubierta, deshonra al marido, que es su cabeza"[38].

Defiende a continuación las ideas de la subordinación y sujeción de la mujer respecto al varón y del uso del velo como símbolo de tal sujeción afirmando:

"el varón no debe cubrirse la cabeza, porque es imagen y reflejo de la gloria de Dios. Pero la mujer es gloria del varón, pues no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón, ni fue creado el varón por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por eso […] debe llevar la mujer sobre su cabeza una señal de sujeción"[39].

Esta misma idea tan discriminativa respecto a la mujer vuelve a aparecer no sólo en relación con el uso del velo sino también con la norma por la cual la mujer debe someterse al marido, hasta el punto de que se le prohíbe incluso que hable en público, de manera que, si desea saber algo, debe preguntarlo al marido, pero no durante la asamblea:

-"La mujer aprenda en silencio con plena sumisión. No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que ha de estar en silencio. Pues primero fue formado Adán, y después Eva. Y no fue Adán el que se dejó engañar, sino la mujer que, seducida, incurrió en la transgresión"[40].

-"…que las mujeres guarden silencio en las reuniones; no les está, pues, permitido hablar, sino que deben mostrarse recatadas, como manda la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten en casa a sus maridos, pues no es decoroso que la mujer hable en la asamblea"[41].

Pablo de Tarso, que era especialmente astuto, comprendió que para que el cristianismo pudiera salir adelante y triunfar como religión, tanto entre los israelitas como en el Imperio Romano, debía procurar mantener una línea de pensamiento afín a la cultura en medio de la cual competía para ocupar un espacio, y, dado que el machismo era un aspecto dominante en la cultura de aquellos tiempos –al margen de que el propio Pablo de Tarso fuera igualmente machista o no- parece que muy posiblemente defendió esta absoluta subordinación de la mujer al varón por esos motivos tácticos mencionados.

Ahora bien, en cuanto las cartas de Pablo de Tarso forman parte de la Biblia cristiana, en esa medida quien crea que la Biblia representa la palabra del dios cristiano deberá considerar igualmente que la mujer debe estar sometida al marido, mientras que quien considere que la mujer tiene iguales derechos que el marido, si quiere ser coherente, no podrá aceptar que la Biblia  represente la palabra de dicho dios.

La jerarquía católica intentó posteriormente suavizar esta doctrina acerca de la mujer enalteciendo la figura de María.

Autor:
Antonio García Ninet

[1] Eclesiástico, 25:24. La cursiva es mía.
[2] Génesis, 2:20-22.
[3] Génesis, 3:16.
[4] Eclesiastés, 7:26.
[5] Eclesiastés, 7:28.
[6] Eclesiástico, 25:19.
[7] Eclesiástico, 25:24
[8] Eclesiástico, 42:14
[9] Zacarías, 5:5-8. La cursiva es mía.
[10] Judith, 12:1-13:16.
[11] Jueces, 16:4-22.
[12] Génesis, 6:1.
[13] 1 Reyes, 11:3.
[14] Deuteronomio, 23:1.
[15] Deuteronomio, 27:20.
[16] 2 Crónicas, 11: 21.
[17] Jueces, 8:30-31.
[18] 1 Reyes, 11:1-10.
[19] 1 Reyes, 11:6.
[20] 1 Reyes, 11:5.
[21] Deuteronomio, 13:13-16.
[22] 2 Crónicas, 13:20-2
1.
[23] 2 Crónicas, 24:2.
[24] Éxodo, 20:17. Reproduzco la lista de mandamientos tal como aparece en Éxodo a fin de que quien quiera comprobar cómo, en efecto, se trata de nueve mandamientos y no de diez. Se trata de los siguientes: [1] “No tendrás otros dioses fuera de mí. No te harás escultura, ni imagen alguna de nada de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra [...] [2] No tomarás en vano el nombre del Senor [...] [3] Acuérdate del sábado para santificarlo [...] [4] Honra a tu padre y a tu madre para que vivas muchos años en la tierra que el Señor tu Dios te va a dar. [5] No matarás. [6] No cometerás adulterio. [7] No robarás. [8] No darás falso testimonio contra tu prójimo. [9] No codiciarás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su buey, ni su asno, ni nada de lo que le pertenezca. Ese mismo número de mandamientos es el que aparece en Deuteronomio, 5:7-21, donde la exposición literal del noveno y último dice: “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, su campo, su esclavo o su esclava, su buey o su asno, ni nada de lo que le pertenece”.
[25] Génesis, 29:18-19.
[26] Génesis, 29:23.
[27] Génesis, 29:27-30.
[28] Deuteronomio, 24:1-3.
[29] Jueces, 21:5.
[30] Jueces, 21:10-23.
[31] Jueces, 21:10-23
[32] Génesis, 19:7-8.
[33] Jueces, 19:23.
[34] Lucas, 3:23-38. Aunque se trate de un asunto anecdótico, resulta difícil de entender que la lista de ascendientes de José según Lucas no coincida en aboluto con la lista correspondiente del evangelio de Mateo, pues en el caso de que una de ellas hubiera sido correcta la otra hubiera sido necesariamente incorrecta. De nuevo parece que el “Espíritu Santo” andaba algo despistado o desmemoriado cuando, según dicen los dirigentes de la secta, inspiró a los evangelistas.
[35] Lucas, 1:35.
[36] Levítico, 27:1-7.
[37] Pablo, Corintios, 4:3.
[38] Pablo, Corintios, 4:5.
[39] Pablo, Corintios, 4:7-10. La cursiva es mía.
[40] Pablo: Timoteo, 2:11-14.
[41] Pablo, I Corintios, 14:34-35.
[42] Génesis, 31:33-35.
[43] Judith, 10:4.
[44] Judith, 13:6-8
[45] Jueces, 5:24-26.
[46] Jueces, 16:19.
[47] J. M. Escrivá: Camino, aforismo 946.