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miércoles, 17 de abril de 2024

LA IGLESIA NO ME CURO "LO GAY"



LA IGLESÍA NO ME CURO "LO GAY"
Un relato de un joven cristiano evangélico que no se aceptaba como gay porque creía que podía “curarse” y vivir como un heterosexual.

Nací en un hogar cristiano evangélico y nunca he dejado de practicar mi fe. Por más de veinte años fui un gay célibe, así se les denomina a las personas que tiene atracción por su mismo sexo, pero debido a sus creencias religiosas se abstienen de tener contacto sexual con los de su mismo género. Además, fui miembro de distintas iglesias, en muchas de ellas fui líder de jóvenes, alabanza y también maestro de la Biblia. Actualmente soy miembro oficial de la Iglesia Colombiana Metodista.

Hasta donde recuerdo, desde que era niño me han gustado los hombres. Sin embargo, debido a la creencia que la homosexualidad es un pecado, una idea que yo también compartía debido al adoctrinamiento que recibí, traté de reprimir mis deseos por otros hombres e incluso intenté de muchas maneras dejar de sentir atracción por ellos, pero eso nunca ocurrió.

Hice todo lo que las distintas clases de iglesias enseñan para curarse y liberarse de la homosexualidad: desde las disciplinas espirituales como el ayuno frecuente, oración continúa en la que reprendía el espíritu de homosexualidad, vigilias casi cada semana y memorización y repetición de versículos de las sagradas Escrituras.
Al no ver resultados en los métodos tradicionales empecé a someterme a diferentes formas de exorcismo (como el de la liberación de maldiciones generacionales o iniquidades y la nueva moda de liberación de cautividades) y sesiones de sanidad interior, tanto en grupo como individual, con terapeutas cristianos. En mi afán por buscar mi supuesta libertad, intentaba hablar con cuanto predicador que ofreciera una salida a mi “problema” o contactaba a la gente que presuntamente se había curado, buscando así esperanza para superar mi “mal”.

Por otro lado, por más de cinco años fui parte de un grupo de apoyo que ofrecía sanidad para la homosexualidad, este grupo lo dirigía un hombre que decía haber superado su atracción por el mismo sexo a través un programa de recuperación del ministerio norteamericano Exodus (este ministerio cerró sus puertas hace algunos años al darse cuenta que sus terapias no funcionaban). Inicialmente nos prometieron que podíamos curarnos, pero con el tiempo nos dijeron que teníamos que aprender a vivir con esto como si fuera una enfermedad.

Mientras era líder en este grupo tuve un encuentro sexual con un miembro de este y me removieron del liderazgo, no sin antes hacerme un escarnio público donde me exigieron pedirle perdón a esta persona delante de los otros líderes. Esta experiencia fue la gota que colmó el vaso y es en ese preciso instante que decido no buscar más ayuda, allí me hice consciente que nada de lo que había hecho funcionaba.
No ver resultados, después de tantos años de esfuerzo y búsqueda de ayuda en diferentes frentes, trajo a mi vida mucha culpa, tristeza y amargura e incluso tuve pensamientos suicidas, pero me daba miedo intentar matarme, quedar vivo y en una mala condición. Gracias a Dios no terminé haciéndolo, si no hubiera terminado como Bobby, el chico cristiano personaje principal de la película: “Plegarias por Bobby”. Creo que este film bien pudo haber sido mi historia.

Así que hace más de dos años decidí aceptarme como gay porque no puedo seguir pretendiendo en la iglesia que soy heterosexual mientras reprimo mis deseos por otros hombres, y fantasee en secreto con pornografía gay para luego masturbarme. No quiero seguir sufriendo y llenando de lágrimas mi almohada en las noches mientras le pregunto a Dios: ¿por qué no soy “normal”? e intentar superar algo que no es ni un pecado, ni una enfermedad sino simplemente una de las tantas condiciones humanas.

Me siento completamente realizado al salir del closet porque me he quitado un gran peso de encima, puedo ser yo mismo ante los demás sin tener que avergonzarme de nada y con la ayuda de mi Padre Celestial seguiré adelante en el camino hacia la felicidad, la cual es un derecho inalienable para todos los seres humanos.


domingo, 24 de febrero de 2019

CONDENAN LA HOMOSEXUALIDAD, MIENTRAS QUE GRAN PARTE DE ELLOS SON


LA HIPOCRESÍA EN CUANTO A HOMOSEXUALIDAD 

DENTRO DE LA IGLESIA CATÓLICA




"Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano", de Frédéric Martel, el polémico libro que dice desvelar la "corrupción y la hipocresía" en el corazón de la Iglesia católica.

El abuso sexual no está relacionado con la homosexualidad, puede ocurrir dentro de familias heterosexuales y la mayoría de las víctimas en el mundo son mujeres", dice Martel.

Después de celebrar misas y colgar sus sotanas en algunas de las tantas iglesias de la Ciudad Santa, "miles" de curas salen a disfrutar de la noche gay de Roma.
Eso es lo que alega "Sodoma: poder y escándalo en el Vaticano", un polémico libro del periodista francés Frédéric Martel.

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"El texto es resultado de una investigación que realicé durante más de cuatro años, para la que viajé por varios países y para la que entrevisté a decenas y decenas de cardenales, obispos, sacerdotes, seminaristas y personas muy cercanas al Vaticano".
Se trata de un texto que denuncia, según su sinopsis, la "corrupción y la hipocresía" dentro del catolicismo romano, que ha condenado por siglos la homosexualidad.
Se trata de un explosivo texto que denuncia, según su sinopsis, la "corrupción y la hipocresía" dentro del catolicismo romano.

Martel afirma que, por condiciones históricas y sociales, el sacerdocio fue un escape para cientos de jóvenes que eran acosados en sus pueblos por su condición sexual y que, por eso, la Iglesia es ahora, en su criterio, una institución formada "mayoritariamente" por personas homosexuales.


"A medida que fui avanzando con la investigación, descubrí que el Vaticano es una organización gay al más alto nivel, una estructura formada en gran medida por personas homosexuales que durante el día reprimen su sexualidad y la de los otros, pero que en la noche, en muchos casos, toman un taxi y se van a un bar gay", alega el escritor.

Una de sus fuentes, le llegó a asegurar incluso que el 80% de los curas en el Vaticano son homosexuales, un dato que no corroboró de forma independiente.
Pero el autor afirma que uno de los hechos que más llamó su atención fue la "banalidad de la vida gay" para "miles" de sacerdotes, "que viven encerrados en el closet por una organización" y "que están atrapados en ese propio sistema", pero que disfrutan, a la vez, de lo que critican desde los altares.

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No obstante, el renombrado teólogo jesuita James Martin, si bien destacó la envergadura del estudio, cuestionó los mecanismos que empleó Martel para la verificación de los datos o los testimonios.

"Martel ha realizado una impresionante investigación para su nuevo libro y ofrece algunas ideas importantes sobre la hipocresía y la homofobia en la iglesia".
"Sin embargo, esas ideas están enterradas bajo una avalancha de chismes, insinuaciones y pesadez general que abruman al lector y hacen que sea difícil discernir los hechos de la ficción", agrega.

Otros voces críticas han cuestionado que el rigor del texto, al que tildan de acusar sin pruebas fehacientes, no corroborar datos o circunstancias y utilizar un tono y lenguaje no a tono con la seriedad de los temas que denuncia.

SACERDOCIO Y HOMOSEXUALIDAD

Dentro del sector más derechista de la institución, una de las acusaciones más frecuentes es vincular la ocurrencia de estos delitos con la homosexualidad de los curas.

De hecho,  dos renombrados cardenales de Estados Unidos y Alemania enviaron una dura carta al papa Francisco en la que lo urgen a terminar con "la plaga de la agenda homosexual" y llaman a los obispos a romper su complicidad con los casos de abusos sexuales.



Martel es periodista y sociólogo y trabajó como asesor para el gobierno francés.
Pero de acuerdo con Martel, quien se reconoce a sí mismo como gay, el problema dentro de la Iglesia no es la opción sexual de los curas, que es un asunto privado, sino la "doble moral" de la institución hacia la sexualidad.

"El abuso sexual no está relacionado con la homosexualidad, puede ocurrir dentro de familias heterosexuales y la mayoría de las víctimas en el mundo son mujeres. Ahora, si miras dentro de la iglesia, la mayoría de los abusos son de curas homosexuales", afirma.

Lo que sucede, según Martel, es que una supuesta "cultura de secretismo" existente en la Iglesia conlleva al encubrimiento de los abusos.
"Sucede que como muchos obispos son gay, tienen miedo del escándalo, de los medios y, al final, de ellos mismos. Entonces protegen a los abusadores, no por el hecho de encubrir el abuso, sino para que no se sepa que ellos mismos son homosexuales. No solo están protegiendo al abusador, se están protegiendo a ellos mismos", considera.

El libro alega que muchos curas en el Vaticano tienen una doble vida.
En criterio de Martel, esto no solo lleva a que, por años, se hayan ocultado los abusos, sino a que muchos cardenales, obispos y sacerdotes se conviertan en fervientes críticos de la homosexualidad.

"Lo que encontré es que, en muchos casos, mientras más críticos eran con la homosexualidad, más lujuriosa era su vida oculta como gays", opina.

Durante sus más de 500 páginas, el libro expone que esta situación no es exclusiva del Vaticano, sino también de muchos otros países, incluidos algunos de América Latina.
"Estuve varias veces en Argentina, Cuba, México, Chile y Colombia y lo que encontré fue que la situación no era muy diferente que en el Vaticano", sostiene.

Martel asegura que, como factor común en algunos de estos países, se manifestó una "insólita" relación entre la cúpula religiosa y la militar, ya fuera hace décadas con los gobiernos de facto de Argentina y Chile, la guerrilla de Colombia o después con el régimen de Fidel Castro en Cuba.

"En la mayoría de estos casos, existía una complicidad entre la Iglesia y estos gobiernos o fuerzas que hacían que se encubriera la homosexualidad y los abusos de los sacerdotes en estos países", señala.

Para su libro Martel entrevistó a 41 cardenales, 52 obispos y nuncios apostólicos , más 200 sacerdotes y seminaristas y periodistas y diplomáticos.

En México, señala, uno de los casos más conocidos fue el de Marcial Maciel, el fundador de la Legión de Cristo, pero también descubrió otros menos conocidos, como el del fallecido cardenal colombiano Alfonso López Trujillo.

Según el libro, el prelado merodeaba seminaristas y jóvenes sacerdotes, y contrataba a prostitutos masculinos de forma rutinaria.
Mientras promovía la enseñanza de la Iglesia de que todos los hombres gay están "objetivamente desordenados" y cuestionaba el uso del condón.

Y aunque Martel asegura que incluso se reunió con trabajadores sexuales que prestaron sus servicios al fallecido cardenal, muchos críticos del libro han cuestionado que la mayoría de las acusaciones que realiza carecen de pruebas sustentables y que solo se basan en "chismes" o "comentarios de pasillo”.

Otros han cuestionado también que el texto podría dar lugar a una "cacería de brujas" contra curas homosexuales o promover estereotipos negativos, pues según Martin "es más fácil buscarse chivos expiatorios que confrontar la hipocresía y la cultura del secretismo" al interior de la Iglesia.

Para otros, el libro ha sido una revelación de lo que muchos consideran un "secreto a voces" y podría constituir un llamado a cambiar las anquilosadas estructuras del Vaticano.


"La Santa Sede debe ser un modelo para todas las diócesis del mundo, incluida la selección y la vigilancia de sus propios miembros. En este momento no lo es", dice a BBC Mundo el monseñor Stephen J. Rossetti, profesor de la Universidad Católica de Estados Unidos.

"Debe hacer un mejor trabajo para asegurar que sus clérigos sean fieles a su llamamiento a ser célibe. Y deben ser también más agresivos, especialmente cuando se enfrentan a clérigos homosexuales que no son célibes. Se han producido varios casos recientemente y continuarán envueltos en escándalos hasta que se hagan cargo de esto", agrega.